jueves, 29 de marzo de 2018

EL COMPORTAMIENTO DE LA EDUCACIÓN POPULAR PARA LA PAZ ESCOLAR CIUDADANA


COMPORTAMIENTO DE LA EDUCACIÓN POPULAR PARA LA PAZ CIUDADANA



MSc. Macry  Zamora
Correo Electrónico: macri_jzf@hotmail.com




RESUMEN

La educación popular, es uno de los procesos de formación que apuntalan al cambio social que hoy vive Venezuela, y que sólo es posible con la participación, la acción comprometida, y el desarrollo de una conciencia social, en cada persona y en el colectivo. En tal sentido, el propósito de este  artículo es la reflexión acerca de los constructos teóricos de la educación popular para la paz, como una invitación a la meditación  para educadores interesados en la edificación de una paz que contribuya a la disminución de la violencia, la exclusión social y a elevar la justicia por medio de la educación. Por ello, este artículo fue desarrollado con base en otros estudios realizadas por investigadores en educación popular. Por lo que se efectuó un análisis documental que permitió la identificación de algunos aportes y contribuciones, acerca de la educación popular y su contribución en la búsqueda de la paz. Se concluye que los procesos de la educación popular remiten mucho más al mundo del aprendizaje que al de la enseñanza, en la medida en que la actividad educativa busca de manera intencionada operar cambios en los sujetos que permitan construir “algo diferente”, habilidades, actitudes, y conocimientos críticos.


Palabras Claves: Comportamiento, Educación, Popular, Paz.



 BEHAVIOR OF POPULAR EDUCATION FOR THE CARIBBEAN PEACE



MSc. Macry  Zamora
Correo Electrónico: macri_jzf@hotmail.com


ABSTRACT

Popular education is one of the processes of formation that underpin the social change that Venezuela is experiencing today, and that is only possible with participation, committed action, and the development of a social conscience, in each person and in the collective. In this regard, the purpose of this article is to reflect on the theoretical constructs of popular education for peace. As an invitation to meditation for educators interested in building a peace that contributes to the reduction of violence, social exclusion and to raise justice through education. Therefore, this article was developed based on other studies conducted by researchers in popular education. Therefore, a documentary analysis was carried out that allowed the identification of some contributions and contributions, about popular education and its contribution in the search for peace. It is concluded that popular education processes refer much more to the world of learning than to teaching, to the extent that the educational activity intentionally seeks to operate changes in subjects that allow building "something different", skills, attitudes , and critical knowledge.
 

 

Key Words: Behavior, Education, Popular, Peace.
 



Introducción
            La educación popular, se constituyen en una realidad propia que caracteriza al medio social tanto a nivel local como nacional. Por ello, la reflexión, el análisis, la profundización y la ampliación del conocimiento en lo que respecta a este ámbito, se establece en una de las grandes responsabilidades especialmente para aquellas Instituciones de Educación Superior.
            Asimismo, dicho compromiso también recae sobre aquellos profesionales  del área de la educación popular, las ciencias sociales, el trabajo social, entre otros, ya que parte de su deber como profesionales está enmarcado en el hecho de buscar las estrategias, procedimientos y acciones concretas tendientes hacia la construcción, deconstrucción, apropiación, comprensión y reproducción del conocimiento, así como la identificación de la diversidad de dinámicas, situaciones, eventos y fenómenos que acontecen en la realidad que se vive y experimenta.
            Por tanto, el desafío para los (as) educadores (as) es que la educación popular  para la paz se arraigue como una alternativa educativa viable para los sistemas educativos formales. Al respecto Freire (1998) planteaba que la educación para la paz es un llamado a la reinvención de las formas educativas que contribuya a la transformación de las diferentes manifestaciones de violencia en toda la región, en donde todos los (as) educadores (as) pueden aportar en la construcción de la pedagogía de la esperanza.
            En este sentido, comentando a Lederach (2000: 49) cuando se aborda la temática de educación para la paz, se hace énfasis en la necesidad de transformar el sistema educativo desde su esencia, conllevando procesos de investigación continuos para mejorar la práctica y poder construir paz sosteniendo de la mejor forma las dificultades que se presentan durante el desarrollo del proceso educativo; establece como ideal la elevada justicia la cual se puede entender desde el respeto y fomento de los derechos humanos. Indubitablemente, una cultura de paz debe descansar en la educación, por ello cada vez en los nuevos planes de estudio se otorga una especial importancia a la educación para la paz;  donde se promueva el total respeto de los derechos humanos, y los valores asociados a los mismos; el compromiso con el derecho a una vida digna; la justicia social y la igualdad de oportunidades para todos.
            Efectivamente, la educación popular se emplaza, a formar personas solidarias y ciudadanos responsables, capaces de imaginar un modelo de sociedad distinto y de comprometerse en su construcción. Es una educación que resguarda la vocación histórica de cada hombre y de cada mujer como artífices de futuro, el valor humano y cristiano de la utopía, que impulsa a salir de la mediocridad y a buscar formas de vida cada vez más humanas. Su finalidad esencial es contribuir a la construcción de una sociedad nueva, más y justa. Esto significa, como lo señalaba Paulo Freire, que el proceso de educación popular no termina con la liberación de los sectores oprimidos sino que debe alcanzar también la liberación de los sectores opresores, punteando más a la superación de toda estructura injusta de sumisión-dominación, en sus manifestaciones sociales, económicas, culturales y políticas
            Es por esta razón que en el presente artículo se analizaron algunas posturas y experiencias planteadas por otros investigadores  con respecto a la temática referida desde la perspectiva de sus aportes y contribuciones específicas, así como desde las limitaciones y posibilidades encontradas en torno a los anteriores campos de conocimiento mencionados.
            El artículo se ha organizando a partir de unas consideraciones preliminares donde se introduce el tema del comportamiento de la educación popular para la paz ciudadana; luego se realiza una aproximación conceptual al tema, mostrando la manera como ha sido abordado desde el análisis del discurso, Finalmente se concluye que los procesos de la educación popular remiten mucho más al mundo del aprendizaje que al de la enseñanza, en la medida en que la actividad educativa busca de manera intencionada operar cambios en los sujetos que permitan construir “algo diferente”, habilidades, actitudes, y conocimientos críticos.


Educación Popular
            Al abordar la temática educación popular es inexcusable cavilar en Paulo Freire, pues fue él quien, sustentado de las contribuciones de autores como Michel Foucault y Pierre Bourdieu, donde cimienta esta educación alternativa desde una perspectiva latinoamericana. De esta manera, resulta como una disyuntiva para fundar una sociedad más justa frente a los modelos de opresión, Sin embargo el profesor Alfonso Torres Carrillo resalta la advertencia de que no existe una manera única de entender la Educación Popular; “para Joao Bosco Pinto (1984, p.17, cit. p. Torres), “no existe un significado universal para la expresión Educación Popular; su significado deberá ser precisado a partir de sus implicaciones y determinaciones políticas” (Torres, 2011, p. 17).
            Sin embargo, este autor (2011, p. 18-19) de igual forma manifiesta algunos componentes comunes que permiten conceptualizar la Educación Popular como: Convicción que desde la educación es posible contribuir al logro de la transformación, actuando sobre la subjetividad popular; una intencionalidad política que emancipe frente al orden social imperante; contribuir al fortalecimiento de un sujeto histórico, de los sectores que han sido dominados y la creación e implementación de metodologías educativas dialógicas, participativas y activas. La educación popular procura que los sectores sociales sean partícipes, tomen conciencia de su realidad y así mismo fomentar el cambio y la transformación de la misma.
            Asimismo, Torres (2010) asevera que para hacer educación popular es trascendental reconocer el carácter político de la educación, donde se pueda optar por la transformación de la realidad en búsqueda de una nueva sociedad desde el fortalecimiento de las organizaciones y movimientos gestados por los sectores populares que posibiliten las acciones emancipadoras y cambios positivos para toda una comunidad; pues esta tiene un poder significativo, por ser un proceso de aprendizaje durante el cual el pueblo o algún sector del mismo, construye su conciencia de una situación social de opresión y fortalece sus habilidades, particularmente a nivel organizativo, para superarla.
Educación Popular como camino para la Promoción y
Participación Social
            La educación popular tiene sus raíces en las luchas sociales de la década de los sesenta, cuando la realidad social de América Latina hurgó la necesidad de escudriñar nuevas formas de hacer política. El brasileño Paulo Freire fue su gran ideólogo, quien señaló la importancia de criticar aquella concepción de la educación basada en una relación vertical entre profesor y alumno. En ella, el profesor lo sabe todo y el alumno sólo debe limitarse a memorizar lo que se le transmite.
            Así, decía Freire, se reproducía la cultura del dominador. Por lo que Freire propuso un modelo educativo en donde el sujeto que aprende es el protagonista del proceso, reconociéndosele como portador de un conocimiento, derivado de su experiencia como explotada. Al tomar conciencia de esta condición, el proceso educativo adquiere una clave liberadora.
            Según Freire (1969) la educación debe comenzar por superar la contradicción educador- educando. Debe basarse en una concepción abarcadora de los dos polos en una línea integradora, de manera que ambos se hagan a la vez educadores y educandos. Es imprescindible que el educador humanista tenga una profunda fe en el ser humano, en su poder creador y transformador de la realidad. El educador debe hacerse un compañero de los educandos. Por lo tanto, es necesario comprender que la vida humana sólo tiene sentido en la comunión, que el pensamiento del educador sólo gana autenticidad en la autenticidad del pensar de los educandos, mediatizados ambos por la realidad y, por ende, en la intercomunicación.
            A partir de estas palabras se puede comprender entonces que la educación ya no puede ser el acto de depositar, de narrar, de transferir conocimientos y valores a los educandos, menos pacientes, como lo hace la educación bancaria, sino ser un acto cognoscente. Como situación gnoseológica, en la cual el objeto cognoscible, en vez de ser el término del acto cognoscente de un sujeto, es el mediatizador de sujetos cognoscentes, educador, por un lado; educandos, por otro, la educación problematizadora antepone, desde luego, la exigencia de la superación de la contradicción educador-educandos. Sin ésta no es posible la relación dialógica, indispensable a la cognoscibilidad de los sujetos cognoscentes, en torno del mismo objeto cognoscible.
            De esta manera, el educador ya no es sólo aquel que educa, sino también aquel que es educado por el educando en el proceso de educación, a través del diálogo que se sostiene. Tanto el educador como el educando son a su vez educando y educador en un proceso dialéctico. Es así como ambos se transforman en sujetos centrales del proceso en un crecimiento mutuo; aquí la autoridad requiere estar al servicio, siendo con las libertades y en ningún caso contra ellas. Ahora, ya nadie educa a nadie, así como tampoco nadie se educa a sí mismo, las personas se educan en comunión, mediatizados por el mundo.
Acciones que Promuevan Aprendizajes Construyendo Paz
            Una de los grandes bretes que reside en los docentes  es la dificultad para encontrar mecanismos concretos de uso educativo que permita relacionarlos con el conflicto de otra manera. Una de las posibles entradas es hacer énfasis en la educación popular para la paz, pues no es posible hacer ejercicios mecánicos del conflicto sin hacer explotar esos mecanismos anteriores que dificultan en el mundo operativo concreto el asumir el conflicto como parte central cotidiana y permanente de la existencia humana tanto en su expresión individual como social.
            En efecto, no basta reconocer la existencia del conflicto, es necesario encausarlo educativamente para que rinda sus frutos en el campo de la acción humana. Por ello, es necesario que las instituciones educativas, intente estrategias de deconstrucción con sus educandos y docentes; pues dicha acción se presenta hoy como una destreza de formación crítica para asumir el conflicto, produciendo reinterpretaciones y redefiniciones desde la esfera del yo interno, de la acción y de las comprensiones sociales de acción y comprensión.
            Al respecto, considerando a Kinchebe,J.(2001), la deconstrucción es como una forma de intervención activa, que originariamente se planteó para lo literario y lo filosófico, y que ha ido invadiendo campos de lo político-práctico, de lo educativo, y de todos aquellos campos donde existen formas de institucionalización del poder. Ciertamente,  la deconstrucción como un dispositivo práctico permite entrar en la voz y en la autoconciencia de los sujetos para construir la conciencia institucional y en los imaginarios de las personas, para ser cuestionados desde su materialización con miras a ser re-construidos con nuevos sentidos.
            Se tiene entonces que la deconstrucción puede ser utilizada como un ejercicio de oír las "márgenes de la maquinaria institucional". Es decir, la posibilidad de ver las fisuras que tienen las instituciones, y todo aquello de saber y de poder y de las personas que lo ejercen. Es la posibilidad de oír lo marginal con la misma fuerza del poder.
            Además, esta debe ser vista como la capacidad de ver lo que invisibiliza el poder a nivel de grupo o de institución mediante la producción de una contrastación que es capaz de reconocer en las prácticas de las instituciones aquello que siendo funcional ya no sirve para los nuevos tiempos, así como la posibilidad de ir tras la "huella" que remite a un origen que nunca ha desaparecido, que siempre está ahí en instituciones, personas, y que requiere ser analizada como proceso de re-significación de la experiencia humana vivida como actor o como institución.
            Evidentemente, la deconstrucción tiene la cabida de leer y escribir desde las "huellas" de la experiencia para reconocer las marcas que permanecen, los espacios que constituyen el "texto" social y las capacidades para establecer rupturas con los contextos; así como colocar al sujeto en la inseguridad e incertidumbre creando el aforo de hacerse diversas preguntas.
            Esto significa para los educadores la capacidad de preguntarse y reorganizar su manera de estar en el mundo teniendo la posibilidad de reconocer el conflicto que en sus prácticas personales construye procesos homogéneos, produciendo una homogeneización dominante en sus discursos y esto es la peripecia de ir a su estructura personal, a su acción educativa y entender en el ejercicio de deconstrucción cuáles son los elementos conflictivos con los cuales tiene que luchar por ser los más resistentes y los menos susceptibles de modificar para que se den cambios reales en esa estructura homogénea.
            Es por ello, que la educación para la paz no es una opción más sino una necesidad que toda institución educativa debe asumir. Los principios para una convivencia pacífica entre pueblos y grupos sociales se han convertido en un imperativo legal. Ahora se trata de conseguir que el derecho formal de la paz se convierta en un derecho real. Además, instruir para la paz es una forma de educar en valores. Esta  lleva implícitos otros valores como: justicia, democracia, solidaridad, tolerancia, convivencia, respeto, cooperación, autonomía, racionalidad, amor a la verdad. Indudablemente La educación en valores es un factor importantísimo para conseguir la calidad que busca todo  sistema educativo
            Cabe destacar que, una educación para la paz, tiene que asumir sistemáticamente la tarea de analizar el currículo, procurando que afloren aspectos como: trato, comunicación, participación, atuendo, información, entre otros. Por tanto se de esta manera se podrá determinar el modelo educativo deprimido y buscar soluciones correctas, analizando y resolviendo conflictos; pero para ello es puntual afrontarse con buen ánimo a situaciones nuevas y desconocidas, favoreciendo la autoafirmación y la creatividad.
            Indudablemente, la educación para la paz supera el marco de lo extracurricular o complementario y, a través de los distintos niveles del sistema educativo, se va identificando con el mismo concepto de la educación como tal; de allí que los  grandes retos educativos son aprender a ser, a hacer, a pensar y a convivir.
            Cabe agregar, que educar en la solidaridad presume estimular el amor, la comprensión y el sentido de justicia ante los educandos para que depongan el egoísmo, la competencia o la pena y se preocupen por el otro también, lo que implica ganar sin hacerle daño a los demás, ser para sí y para otros (Freire, 1974, p. 41). Por ello, el proceso educativo debe ser análogo, que  eduque para vivir en dignidad y practique sus derechos de ciudadanía, en respuesta a las necesidades humanas, dispuestos a construir la historia en colectivo, instituyendo seres fraternos y proveerles los instrumentos para que suavicen dificultades y tomen  decisiones.
            En tal sentido, se hace prioritario que los educadores (as)  asuman  la educación como un proceso integral, donde se posibilite desarrollar en forma armónica y coherente todas y cada una de las dimensiones del ser humano como los son: ética, espiritual, cognitiva, afectiva, comunicativa, estética, corporal y sociopolítica, con el propósito de  conquistar su actuación plena en la sociedad. Desde el punto de vista de Gallegos (2001, p. 54) la formación humana es fundamental, ya que la crisis de hoy, no es tecnológica, sino que es una crisis de relaciones entre los hombres, es una crisis de significado humano; por lo tanto, la misión de la educación será educar integralmente.
            Y es aquí donde la educación popular juega un fundamental, pues esta contribuye a alcanzar la anhelada paz ciudadana, ya que esta defiende  la confluencia en espacios simbólicos, la vivencia y experiencia, los aprendizajes de la cotidianidad, de las potencialidades de cada sujeto participante desde los diferentes compromisos que asume en la sociedad. Por tanto es una educación que admite y legitimiza la diferencia, la evolución del ser humano, su papel en la edificación y en la diatriba permanente del contexto social y cultural más contiguo en el que se desenvuelve.

Conclusiones
            El aprendizaje emplazado en la educación popular va más allá del proceso enseñanza-aprendizaje ya que en éste lo que se da es apenas el reordenamiento y reorganización de la enseñanza manteniendo la lógica del proceso centrado en el conocimiento académico, la transmisión y la asimilación del pensamiento científico. Si bien la educación popular no niega el proceso de enseñanza-aprendizaje, sí lo desborda ya que tanto su objeto, como sus “por qué”, sus “para qué”, y sus “cómo” son diferentes.
            En la educación popular el aprendizaje depende de la experiencia y conduce a cambios y transformaciones de la misma: de esta manera, la acción educativa puede estar separada de la enseñanza, ya que no se trata de pautas de procedimiento escritas que deban ser confrontadas para ser practicadas.
            Igualmente está educación  está al  frente de estructuras de acción, que transforman inminentemente los procesos de vida cotidiana en los cuales están embutidos los actores y también las teorías y representaciones que éstos poseen.
            Asimismo, la educación popular da el empoderamiento de actores y la transformación de la realidad en la cual operan, como por la vocación de lograr aprendizajes para la acción.
            En tal sentido, el educador y educadora popular es en esencia un facilitador y facilitadora del proceso de formación, una persona que apoya, genera confianza e impulsa con la gente espacios de reflexión y acción para transformar realidades injustas. Su accionar está mediado por la realidad y se nutre de las experiencias generando procesos dialógicos.
            Por consiguiente, desde los sistemas educativos formales y la educación no formal e informal se deben aunar y coordinar esfuerzos para hacer posible una convivencia pacífica de todos los ciudadanos, que supere todo brote de racismo, xenofobia, delincuencia e injusticia social. El conocimiento e intercambio de experiencias positivas podrá enriquecer y hacer más eficaz el esfuerzo que se haga para advertir y aniquilar la violencia, suscitando estímulos para favorecer la convivencia pacífica que se desea y requiere. Como lo ratifica Martínez (2006) una universidad de calidad y de servicio es aquella que hace más digna la sociedad, convirtiendo a sus estudiantes tanto en excelentes profesionales, como en ciudadanos y ciudadanas cada vez más cultas y críticas.
            De igual forma, Juan Pablo II (2001), plantea que la educación para la paz logra beneficiar de un interés renovado por los ejemplos cotidianos de sencillos artífices de paz a todos los niveles: son individuos y hogares que, por el dominio de sus pasiones, por la aceptación y el respeto mutuo, conquistan su propia paz interior y la difunden; son pueblos, a menudo pobres y probados, cuya sabiduría milenaria se ha forjado alrededor del bien supremo de la paz. La paz es tarea de todos y sus cuatro pilares son la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Según  Benny Marqués (2018)  dice soy igual que tú, pero diferente a ti

Referencias
Freire, P. (1974).La iglesia, la educación y el proceso de liberación humana en la historia.(2°.ed.). Buenos Aires-Argentina: La Aurora.
Freire, P. (1998). Pedagogía de la esperanza. Iztapalapa: Siglo XXI Editores.
Gallegos, R. (2001).Educación holística. Pedagogía del amor universal. (1°.ed.). Guadalajara-México: Paz.
Juan Pablo II (2001). Dialogo entre las culturas para una civilización del amor y la paz. Mensaje para la jornada Mundial de la Paz. Italia. Enero.
Kinchebe, J. (2001).Hacia una revisión crítica del pensamiento docente. Barcelona: Ediciones Octaedro.
Lederach, J. P. (2000). El abecé de la paz y los conflictos. Educación para la Paz. Madrid: Catarata.
Martínez, M. (2006). La universidad como espacio de aprendizaje ético. Revista Iberoamericana de educación. Núm. 29, 2002. pp.17-42
Nájera, E. (1986) Primera sesión: La Educación Popular, en: Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación.
Torres, A. (2011). Educación Popular. Trayectoria y Actualidad. Dirección General de Producción y Recreación de Saberes. Recuperado de https://dalbandhassan.files.wordpress.com/2011/04/educacion-popularatorres.pdf. Consultado en: Marzo, 23, 2018


SÍNTESIS CURRICULAR.
  
MACRY JOSEFINA  ZAMORA  FLORES

Correo Electrónico: macri_jzf@hotmail.com
Teléfono: 0414- 4453545



SÍNTESIS CURRICULAR
Información Personal:
Cédula de identidad.  V- 9167791
Profesión.  Contador  Público
Estudios realizados:
Magister. En Gerencia  Mención. Finanzas
Universidad  Bicentenaria  de Aragua (UBA)
Cursando Estudios Doctorales  En ciencias de la educación
En La Universidad Bicentenaria de Aragua (UBA)
Experiencia Laboral:
Institución Financiera
Cargo. Funcionario Bancario